sábado, 11 de abril de 2015

Diálogos Inolvidables: Fedora


Fedora (1978)


Director: Billy Wilder

Guión: Billy Wilder y I.A.L. Diamond, sobre una novela corta de Tom Tryron.

Reparto: William Holden, Marthe Keller, Hildegard Knef, José Ferrer, Frances Sternhagen, Mario Adorf, Henry Fonda, Michael York.


Fedora, una actriz ya mayor y retirada, fallece arrollada por un tren en París. En su funeral, el productor de cine Barry Detweiler recuerda sus dos últimas semanas de vida y el papel que puede haber jugado él en su muerte. Había intentado acceder a su casa en la isla de Corfú, lo que finalmente consiguió, para ofrecerle un papel protagonista en su próxima película, Anna Karenina. Fedora, sin embargo, vivía casi prisionera en su casa, acompañada únicamente de una enfermera, una vieja condesa, y su cirujano plástico, que mantenía su cara todo lo joven que era posible. Cuando sus acompañantes se niegan a permitir su regreso a las pantallas, la famosa actriz hará lo posible por escapar, pero al manifestar una fuerte crisis mental, es trasladada a una residencia en París llevándose tras de sí un aura de misterio y secretismo que Detweiler intentará descifrar.





En esta ocasión recordamos la penúltima película de Billy Wilder, esa que en su momento fue denostada por la crítica al considerarla una copia de Sunset Boulevard (1950), el clásico dirigido también por Wilder y que se ha convertido en el testamento definitivo sobre el olvido en Hollywood de sus grandes estrellas. Cierto que el argumento de Fedora se asemeja en algunos aspectos a lo planteado en su anterior filme, pero se diferencia de él en gran medida, y aunque no tiene grandes caras conocidas aparte del protagonismo de un avejentado William Holden (el gigoló en Sunset Boulevard), el paso de los años ha beneficiado a Fedora que, sin ser una obra maestra, se ha revalorado como una gran película que merece nuevos visionados. El filme fue rodado en los estudios Bavaria en Alemania, en Boulogne en Francia y con exteriores en Grecia y Francia, la fotografía corrió a cargo de Gerry Fischer y la música del prestigioso Micklos Rozsa.








La escena que hemos elegido, sucede alrededor de los 40 minutos del metraje, cuando el productor Barry 'Dutch' Detweiler (William Holden) ha logrado introducirse a la casa de verano de su enigmática actriz de antaño para ofrecerle el guión de una nueva versión de Anna Karenina que supondría su esperado regreso al cine. Al parecer Fedora se encuentra indispuesta y no se le permite recibir a nadie, así que Dutch es atendido por una veterana condesa amiga de la actriz y por el médico de cabecera, el Dr. Vando (José Ferrer), quienes además de una madura dama de compañía , parecen ser ahora los únicos acompañantes de Fedora, y sus más celosos guardianes.







Condesa: … Todo el mundo sabe que Fedora se ha retirado de la pantalla.

Dutch: Ya se había retirado en otra ocasión y volvió con más fuerza.

Condesa: ¡41 películas! ¿No cree qué es suficiente?

Dutch: A no ser que se presente una oportunidad excepcional.

Condesa: Anna Karenina no tiene nada de excepcional. Garbo la interpretó dos veces.

Dutch: Sí, pero… esta vez será colosal. En la pantalla grande, en color, sin censura. La más bella historia de amor.




Condesa: ¡Jaja! No es más que un culebrón barato y con un final ridículo: una mujer abandonada por su amante que acaba arrojándose a la vía del tren. Por Dios, ¡no sea absurdo!



Doctor Vando: ¿Tolstoi absurdo? –pregunta sereno pero sarcásticamente mientras se sirve vino en su taza de té.



Condesa: No sabía nada sobre las mujeres.

Doctor Vando: ¿Leon Nikoláievich Tolstói? –se muestra incrédulo sobre lo que ha escuchado del autor de la novela que se está discutiendo.

Condesa: Bah… Cuando una mujer decide suicidarse, lo único que le importa es que el mundo la recuerde con una cara impecable... Tomará veneno, se cortará las venas, se sumergirá en el agua, incluso puede que se pegue un tiro en el corazón. Pero de ningún modo se tirará al tren, porque quiere que se la recuerde guapa y serena. No magullada y desfigurada.




Dutch se da cuenta que alguien más ha estado escuchando la conversación en la que participa. En el segundo piso, afuera de su recamara, distingue perfectamente la figura de la mujer de sus sueños. Es Fedora, la misteriosa actriz que no envejece y que un buen día, en la cima de su éxito, y cual Greta Garbo, se retiró de las pantallas para vivir en el más completo anonimato...




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