domingo, 13 de febrero de 2011

Diálogos Inolvidables: Un Hombre y una Mujer


Un Hombre y una Mujer
(Un Homme et une Femme, 1966)



Director: Claude Lelouch.

Guión: Pierre Uytterhoeven, Claude Lelouch.

Reparto: Anouk Aimée, Jean-Louis Trintignant, Pierre Barouh, Simone Paris, Valérie Lagrange.

Premios Oscar: Mejor Película Extranjera y Mejor Guión Original. Nominación por Mejor Director y Mejor Actriz. Palma de Oro a la Mejor Película en el Festival de Cine de Cannes.






Anne Gauthier (Anouk Aimée) y Jean-Louis Duroc (Jean-Louis Trintignant) son dos viudos parisinos que tienen dos hijos pequeños (Antoine Sire, Souad Amidou) estudiando en un internado en Deauville. Ella es asistente de cámara en la industria del cine, y él un famoso piloto de rallies. Ambos y por separado van a ver a sus hijos todos los fines de semana. Hasta que una noche ella pierde el tren de regreso a París y él se ofrece a llevarla de vuelta. Es así como se conocen y acuerdan verse el próximo fin de semana para ir juntos visitar a sus hijos, comenzando entre ellos una tierna relación, sobre la que sobrevuela sin embargo la sombra del recuerdo de los esposos muertos, pero también la necesidad de darse otra oportunidad en el amor.














Para celebrar este 14 de febrero, Día de San Valentín, la secuencia que hemos elegido reseñar de esta película francesa plena de romanticismo, se ubica camino a su metraje final: Jean-Louis ha ganado el rallie de Montecarlo y Anne le ha enviado un telegrama donde lo felicita por el triunfo obtenido y le dice que lo ama. Así que en plena noche de celebración, el piloto toma nuevamente su auto para viajar de regreso a París a reencontrarse con ella. En el trayecto se detendrá en una gasolinera, y cuando ya ha cargado el combustible, mientras conduce bajo una lluvia torrencial, oiremos la voz en off de sus pensamientos que planean con vacilación la manera en que deberá presentarse ante la mujer de la que también está enamorado.














Jean-Louis: Enviar un cable así es gran cosa. Se necesitan agallas. Imagínenlo, una mujer le envía semejante cable a un hombre. Yo nunca tendría esas agallas. ¡Una mujer maravillosa!... Si sigo así, estaría en París hacia las 6:30. Aún está en cama a las 6:30. ¿Qué haré? Iré a un pequeño restaurante, la llamaré. Cuando una mujer envía un telegrama que dice “Lo amo”, uno va a verla. Claro, puedo ir a verla...






Jean-Louis: No sé en qué piso vive. Despertaré a la portera… La portera dirá “No está” o “No puede subir”. Diré “Mire, lo siento, pero he conducido 3200 km., de hecho, 4800 km. para venir a verla. Lo siento mucho pero… voy a subir”. ¡Y subo! Timbro una vez, dos veces. No, timbraré sólo una vez, no deseo enojarla. Una vez basta… Demorará en despertarse. Quizá no abra. Dice “¿Quién es?” Yo contesto…, bueno, ¿qué diré? No diré “Es Jean-Louis”. “El papá de Antoine”, diré. El papá de Antoine. Sí, eso suena mejor… “¿Quién es?” “El padre de Antoine”. Ella abre la puerta… y estamos frente a frente. Está un poco abochornada. Después de todo, me envió un telegrama que dice “Lo amo”. Está abochornada. Es normal. Está en casa y abochornada. Y dice “Haré un poco de café. Viene de lejos, lo necesita”. Entro. No, ahora debo decir algo. ¡Qué cobarde! Digo… (no se le ocurre nada)









Jean-Louis: ¿Me detengo en Lyons y le envío un telegrama? Es una buena idea. ¡No lo es! Es estúpida. Mi telegrama llegaría pocos minutos antes que yo. Dejará de dormir, y cuando llegue la volveré a despertar. Por suerte aún tengo tiempo para pensar en algo mejor…







Por supuesto, a su llegada a París lo que Jean-Louis imaginó no es exactamente lo que sucede. Pero en definitiva, ese amor ilusionado que ha brotado entre ese hombre y esa mujer que han tenido ya su tanda de sufrimientos en un pasado cercano, han elegido este momento para empezar a decir adiós a lo anterior y abrirse a lo nuevo. No sin dudas ni sin obstáculos, no sin que sus escarceos estén marcados por las inseguridades, como en todo amor que se despierta, pero todo ello acompañado por reconocidas melodías de Francis Lai, intimistas y apasionadas.










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