sábado, 4 de agosto de 2012

En la Opinión de...

JOHN HUSTON


-director, productor, guionista y actor cinematográfico estadounidense-
(5 de Agosto de 1906 – 28 de Agosto de 1987)







Este 5 de agosto, el mítico director John Huston estaría cumpliendo 106 años de edad, mientras que la no menos famosa Marilyn Monroe, llega a los 50 años de su fallecimiento. Para esta ocasión, El Edén Sideral recupera algunos fragmentos de una entrevista realizada por el periodista y escritor chileno Waldemar Verdugo Fuentes a John Huston en su casa de Puerto Vallarta, México, en 1983, sobre su relación con la rubia actriz a quien dirigió en las cintas La Jungla de Asfalto (The Asphalt Jungle, 1950) y Los Inadaptados, también conocida como Vidas Rebeldes (The Misfits, 1961). Pasen y lean…








-¿Cómo son sus recuerdos de Marilyn Monroe?
-Son melancólicos. Es cierto que se dice que yo la inventé, pero con o sin mi ayuda ella lo hubiera logrado de cualquier forma. Solo fue que le di su primer estelar. Pero muchas personas la ayudaron porque era inevitable que despertara cierta desprotección, era una chica que despertaba gran ternura. Además, ahora pienso, todos quizás intuíamos que era, en verdad, una estrella.





-¿Cuándo la conoció usted?
-Fue mientras filmaba Eramos Extraños (We Where Strangers, 1949) en la Columbia. Ella solía venir al set y observar detenidamente la filmación, sin importunar en absoluto. Recuerdo que era una chica muy tímida; hablaba bajito, casi en un murmullo, pero con tal gracia que era imposible no prestarle atención. [...] Muy bella, sin duda, joven y atractiva, pero había miles como Marilyn en Hollywood; sin embargo, era diferente a todas. Se hablaba de que la Columbia le iba a hacer una prueba, aunque dichos rumores conducían generalmente al sofá y no al estudio. Sospeché que alguien de arriba tenía interés en ella.

- ¿Llamó su atención?
- Había algo en Marilyn que despertaba mi deseo de protegerla, y para ayudarla le expresé mi disposición de hacerle una prueba a color con John Garfield como compañero de actuación. Esta prueba era costosa, pero muchos intuimos que sería una estrella. Sin embargo, no volví a verla, simplemente desapareció y me olvidé de ella.

- Luego usted la dirigió en La Jungla de Asfalto.
- Oh, sí, fue en realidad su primera cinta. Cuando estábamos haciendo pruebas para La Jungla de Asfalto, Johnny Hyde, de la Agencia William Morris, me llamó para decirme que tenía a la chica perfecta para la parte de "Angela", y me pedía que le hiciera una prueba. Arthur Hornblow, el productor de la cinta, estaba conmigo pocos días después cuando Johnny la trajo; la reconocí como la chica que había intentado salvar del sofá, y justamente la escena que debía leer requería que su personaje estuviera tendido sobre un diván, y no había ninguno en mi oficina por lo que Marilyn dijo: -Quisiera hacer la escena en el piso. Y así lo hizo; se quitó los zapatos sacudiendo los pies, se tendió en el piso y leyó para nosotros. Era una "Angela" perfecta, y si obtuvo el rol fue porque era extraordinariamente buena.







- ¿Tenía ella preparación como actriz?
- Ella nació actriz, aunque sí tenía una maestra de drama, una rusa llamada Natasha Lytess que se aparecía en el set con ella, y al final de cada toma Marilyn solía mirarla buscando su aprobación; cuando le asentía, ella quedaba tranquila, y estuvo realmente muy bien.

- Ese papel fue el principio para la estrella.
- Sí. Y ella siempre me estuvo muy agradecida. Había estado bajo contrato con la 20th Century Fox, pero ellos habían desistido ayudarla en grande, y cuando vieron el trabajo que hizo conmigo la volvieron a contratar rápidamente; esos fueron sus inicios.

- Años después trabajó con usted en su última cinta completa: Los Inadaptados, ¿qué recuerda de esa época?
- Yo estaba en mi casa de Irlanda y recibí una llamada de Frank Taylor, quien tenía interés en producir Los Inadaptados, en que Marilyn tenía un papel pues el guión era de su esposo; Arthur Miller. Yo acepté y Frank me envió el guión, que era excelente.

- ¿Usted conocía a Miller?
- No, pero admiraba su obra. Lo llamé después y le comuniqué que sería grato hacer el film.







- ¿Cómo se inició el trabajo?
- Primero hicimos unas pruebas de vestuario con Marilyn en Nueva York y luego, Frank Taylor y yo, volamos a Nevada, donde estaban las locaciones y tuvimos que construir algunos sets. Marilyn era famosa respecto a su impuntualidad, por lo que antes de empezar la filmación ordené que el llamado diario se cambiara de las nueve de la mañana a una hora después, esperando que esto hiciera las cosas más fáciles para ella, pero no fue así. Clark Gable, que también estaba en el reparto, solía llegar a trabajar en su pequeño carro deportivo, ensayaba sus líneas con su asistente, y enseguida abría un libro preparándose para la espera. Nunca pronunció una queja y aparentemente no le importaba la hora en que Marilyn apareciera.







- ¿Era muy diferente a cómo usted la conoció?
- ¡Oh, sí! Yo estaba impresionado por sus acciones y por su apariencia; parecía estar en sueños la mitad del tiempo. Su temor era que si no dormía lo suficiente no luciría bien al día siguiente, una idea que llegó a convertirse en obsesión suya, de modo que tomaba pastillas para dormir y pastillas para despertar en la mañana. Le dirigí un sermón a Miller, sin saber que él había hecho todo cuanto estaba a su alcance y había perdido todas las esperanzas. Marilyn llegaba cada vez más tarde a locación, algunas veces sólo lográbamos trabajar un par de horas en el día, y como ella estaba en la mayor parte de las escenas, teníamos que esperar que apareciera para comenzar la filmación. Con el transcurrir de los días se sumergió más en su mundo y con el tiempo se derrumbó completamente, por lo que tuvo que ser enviada por dos semanas a un hospital de Los Ángeles. La filmación se detuvo y tuvimos que pagar a la gente por cada día de trabajo perdido; tan sólo el reparto aumentó nuestros gastos enormemente pues estaban, junto a Marilyn, Gable, Eli Wallach, Montgomery Clift, Thelma Ritter y Kevin McCarthy. Esa fue la cinta en blanco y negro más costosa que realizó.

- ¿Usted visitó a Marilyn en el hospital?
- Sí, por supuesto. Cuando salió parecía tan mejorada que cobré esperanzas, pues alguna vez pensé que Los Inadaptados nunca la terminaríamos. Ella estaba alerta, brillante, y se sentía culpable por su conducta durante la filmación, sabía demasiado bien lo que las drogas le hacían y me preguntó si podía perdonarla, la tranquilicé y volvió a ser ella misma, y podía ser maravillosamente eficaz. No estaba actuando, no estaba fingiendo una emoción, era real. Marilyn era una actriz que se adentraba profundamente en su interior, encontraba el ritmo de actuación perfecto y lo traía al nivel consciente, proyectándolo, y quizás en eso consiste la verdadera actuación.







-Se ha dicho que en una escena que filmó para Los Inadaptados dejaba un pecho al descubierto, y pidió que saliera tal y cual se había rodado. ¿Usted suprimió esa escena del montaje final?
-Tú podrás comprender que una escena con el pecho desnudo de Marilyn Monroe, yo, jamás, nunca la hubiera suprimido de una de mis películas. Ella se desnudó en sus comienzos por necesidad; amaba su cuerpo como cualquiera, pero al final odiaba desnudarse... ningún escritor hizo un guión a la altura de Marilyn. Desde sus comienzos, además, había pasado ya un buen tiempo, y dudosamente ella hubiera aceptado tomas desnuda. Entonces, jamás existió esa escena que ya he visto mencionada por allí. No, que yo sepa, y como era yo quien dirigía la cámara, espero se me crea...







- ¿A qué cree usted que se deba el hecho de que se la catalogara como símbolo erótico, esencialmente?
- Yo creo que ella, antes que otra cosa, era una buena comediante. Personalmente, nunca sentí su atractivo sexual, tan recurrido por la publicidad que la empapó. En la pantalla se dejaba sentir su fuerza erótica, pero no obstante, en ella había algo más, mucho más que eso. En Europa era muy apreciada como artista mucho antes de ser aceptada en Estados Unidos como algo más que un símbolo sexual. Jean Paul Sartre consideraba a Marilyn como la mejor actriz que existía; cuando escribió para mí el guión de Freud, en 1960, quería que ella desempeñara el principal rol femenino, pero no se pudo.






- ¿Cómo se comportaba Montgomery Clift trabajando junto a Marilyn?
- Eran extraordinarios, ambos. Especialmente en una larga escena detrás de una taberna, frente a un montón de latas de cerveza y automóviles convertidos en chatarra; era una escena de amor que no era una escena de amor y estuvieron magníficos, y el texto era muy bueno, yo creo que Miller estaba en su mejor momento.







- Uno de los cuentos que se han tejido alrededor de Los Inadaptados, es que el ataque al corazón que acabó con Clark Gable fue debido a una de las escenas que debió hacer para la cinta.
- Eso es absolutamente falso. Nació la historia debido a que en una escena Clark debía luchar con el semental capturado, y unos creen que era él, pero quien salía volando por los aires era un extra, de ninguna manera iba a ser Clark.

- ¿Qué opinión tiene usted de Gable?
- Él se consideraba un actor, no una personalidad de la pantalla, y solía recordar sus comienzos como actor de teatro. Y conocía muy bien su trabajo, dos o tres veces le insinué otra actitud para mejorar su personaje, y él lo hacía cordialmente, pero cada una de esas veces lo hice volver a su actuación original porque yo estaba equivocado. Cuando terminamos de trabajar juntos, él dijo que Los Inadaptados era lo mejor que había hecho en su vida, y murió dos semanas después.

- ¿Cómo reaccionaba ante la conducta de Marilyn en la filmación?
- Estaba perplejo. Por Marilyn pasamos muchas horas juntos en su trailer, y parecía que ella le había revelado un mundo para él simplemente desconocido. Gable no entendía lo que estaba sucediendo con Marilyn, pero creía que era algo espantoso. Cuando pude, en esos días, le hablaba horas enteras, y cada vez yo terminaba con un nudo en la garganta: ella sólo atinaba a escuchar. Estaba muy decaída y ninguno sabíamos cómo alentarla; no sabíamos cómo incentivarla, parecía oír muy atenta, pero uno presentía que ya estaba muy, muy lejos...







- ¿Cómo transcurrió el final de la filmación?
- Cuando logramos traer nuevamente a Marilyn a Reno, la recibieron calurosamente en el aeropuerto; antes de desembarcar en el vuelo fletado especialmente para ella, dedicó un tiempo para dejarse fotografiar y conceder entrevistas; aquella fue la ocasión en que le preguntaron “¿Qué usa usted por la noche, cuando se va a la cama?”, y ella respondió: “Sólo Channel número cinco.” Nosotros creíamos que todo sería diferente pero en unos cuantos días nos dimos cuenta de que estábamos equivocados. Marilyn volvió a sus antiguos hábitos, hizo que Arthur Miller se mudara a un hotel y ya no le volvió a dirigir la palabra. Un domingo en la tarde le hice una visita en su suite para formarme una idea de lo que podría esperar en los días siguientes: me saludó con gran euforia y después entró como en una especie de letargo, nunca la había visto tan mal; el episodio del hospital lo atribuí a una sobredosis casual, pero ahora la veía realmente perdida. Su cabello estaba enmarañado, tenía las manos y los pies sucios y llevaba puesta una camisa de noche no más limpia. Había en ella una especie de vulnerabilidad, se sentía completamente desamparada y lo reflejaba. Yo la abracé y fue todo muy conmovedor... De alguna manera sabía, como todos nosotros que algo terrible iba a ocurrirle.








- ¿Terminaron la cinta en su totalidad?
- Así es, y fue una dolorosa experiencia, no sólo para mí, sino para todos, incluyendo a Marilyn, quien empezó otra cinta de la que fue despedida y luego vino su muerte.







- ¿Usted cree que fue accidental?
- Había recibido tratamientos de urgencia varias veces, y con un frasco lleno de somníferos a su alcance y nadie que estuviera allí para salvarla, porque estaba sola. Yo creo que fue un accidente; porque me niego a creer que ella hubiera querido quitarse la vida. Ella era parte de la vida, era una glorificadora, justamente, de la vida. Lo que quizás sucedió fue que se vio enfrentada a una situación agotadora que no pudo manejar...









Fuente: Revista Vogue, México. 1983.
Podéis encontrar las versiones ampliadas de la entrevista aquí y aquí.

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