domingo, 6 de noviembre de 2011

Las 100 Mejores Películas del Cine Mexicano (XIV)




2.- Los Olvidados (Luis Buñuel, 1950)

Drama social. En los suburbios de Ciudad de México una pandilla de muchachos liderados por El Jaibo (Roberto Cobo) se mueve en los ámbitos de la delincuencia. Éste acaba de escapar de la correccional y se reúne en el barrio con sus amigos. La pandilla volverá a sus fechorías, esta vez tratando de robar a Don Carmelo (Miguel Inclán), un anciano ciego pero astuto que trabaja por su cuenta como músico ambulante. Entre el grupo de niños se encuentra Pedro (Alberto Mejía), un muchachito que busca sobretodo cariño y respeto, pero a cambio recibe malos tratos por parte de su madre (Estela Inda), quien lo tuvo en su adolescencia antes de unirse al padre de sus otros hijos para luego ser abandonada por éste. Pedro tiene que robar en su propia casa la comida que se le niega, por lo que busca en la amistad de El Jaibo la figura paterna que nunca ha tenido. Por la noche Pedro encuentra al “Ojitos” (Mario Ramírez), un inocente niño campesino que ha sido abandonado por su padre en el mercado, y se lo lleva a pasar la noche al gallinero del Cacarizo (Efraín Arauz), uno de sus amigos, que también está dando posada a El Jaibo. El supuesto responsable de la detención de El Jaibo es Julián (Javier Amezcua), un muchacho honesto que trabaja de sol a sol mientras su padre (Jesús García Navarro) se ahoga en alcohol el dinero que previamente ha ganado con el sudor de su frente. El Jaibo matara a Julián en presencia de Pedro, convirtiéndolo en su cómplice, con lo que sus destinos quedarán unidos irremediablemente. Don Carmelo tomará al Ojitos como su lazarillo, y le pide que todos los días vaya con Meche (Alma Delia Fuentes), la hermana del Cacarizo, a recoger la botella de leche de burra que le da a cambio de curar a su madre de una enfermedad que la tiene postrada en cama. El Ojitos siente simpatía hacia la chica, por lo que se niega a ser arrastrado por aquello que sabe incorrecto e intentará defenderla cuando El Jaibo quiera abusar de ella con el consentimiento de su hermano. Pedro no puede evitar sentirse culpable por la muerte de Julián, así que buscará trabajo para alejarse de la vida callejera y conseguir el cariño materno, pero la influencia de El Jaibo terminará por arruinarle sus planes...













Luis Buñuel ha sido, sin lugar a dudas, el realizador más importante del cine de habla hispana. Su trayectoria artística -32 películas filmadas en cincuenta años de carrera- es una de las más importantes y prolíficas de la cinematografía mundial. Los Olvidados es considerada la película que volvió a colocar a Buñuel en la escena internacional, luego de que su impresionante debut fue seguido por dos décadas de relativa oscuridad.

Después de un sublime fracaso (Gran Casino, 1947) y un mediano éxito (El Gran Calavera, 1949), el productor Óscar Dancigers encontró una motivación para proponerle a Buñuel una nueva colaboración, esta vez con mayores ambiciones artísticas. "Vamos a hacer juntos una verdadera película. Busquemos el tema." Buñuel se le había adelantado, aunque su proyecto no pretendía ser más que un melodrama convencional. Junto con el escritor Juan Larrea, el director había escrito el argumento titulado "¡Mi Huerfanito Jefe!" sobre un niño vendedor de billetes de lotería. Al leerlo, Dancigers opinó que no estaba mal, pero que estaba dispuesto a hacer algo más serio: "una historia sobre los niños pobres de México."

Animado por el apoyo de Dancigers, Buñuel dedicó varios meses junto con su coguionista Luis Alcoriza y el escenógrafo Edward Fitzgerald a investigar el ambiente y las condiciones de vida de los barrios pobres de la capital mexicana.

Durante 4 o 5 meses, unas veces con mi escenógrafo, el canadiense Fitzgerald, otras con Luis Alcoriza, pero generalmente solo, me dediqué a recorrer las "ciudades perdidas", es decir, los arrabales improvisados, muy pobres, que rodean México, D.F. Algo disfrazado, vestido con mis ropas más viejas, miraba, escuchaba, hacía preguntas, entablaba amistad con la gente. Algunas de las cosas que vi pasaron directamente a la película.” (Luis Buñuel)

La colaboración del escritor tapatío Jesús Camacho -mejor conocido como Pedro de Urdimalas- fue esencial para recuperar el habla popular mexicana en los diálogos de la cinta. Camacho había escrito los chispeantes y coloridos diálogos de Nosotros los Pobres (1947) y Ustedes los Ricos (1947) dos de las películas más célebres de Ismael Rodríguez y del cine mexicano. Pero también participaron en el guión (sin acreditar) Juan Larrea, y en la labor de diálogos Max Aub.








Roberto Cobo, hijo de una pareja de actores que formaban parte de una compañía itinerante de teatro, recordó en una entrevista como conoció a Buñuel: “De casualidad. Entonces tenía 19 años y estaba por hacer un papel chiquito en El Rey del Barrio, con Tin Tan. Conocí a Buñuel en sus oficinas del edificio Chapultepec, que ahorita ya no existe. Cuando me vio se quedó bizco; lo impacté. Lo cautivó mi porte; yo creo que le gustó mi físico por delgado, anguloso o narizón. Era ancho de espaldas, porque musculoso me puse después. Buñuel no hablaba; sólo me dijo: "Váyame a ver a los Estudios América". "No me van a dejar entrar", le respondí. "Di que vas a ver a Luis Buñuel". Fui y nos hicieron una prueba a cinco muchachos y me dio el papel. Don Luis creía mucho en mí, nunca tuvimos problemas, sabía lo que quería y cuando un director sabe lo que quiere, sabe dirigir. Si no me decía nada era porque estaba bien. Durante la filmación de Los Olvidados, que se estrenó en el antiguo cine México, entre Cuauhtémoc y Álvaro Obregón, me hizo repetir 35 veces una escena. Ya nervioso le pregunté: "¿Por qué tantas veces?, ¿Qué, lo estoy haciendo mal?" "No, es que quiero 35 reacciones para escoger la que más me guste", respondió.”




Javier Amezcua, quien interpretó el personaje de “Julián” recordó en una entrevista concedida al diario El Universal el año pasado cómo fue el casting para la película: “Nos hicieron varias pruebas: fotografía, dicción, memoria. Éramos como mil actores queriendo entrar. Ya que nos escogieron, Buñuel nos mandó a estudiar con el maestro Seki Sano, que tenía su escuela de actuación arriba del cine Chapultepec. Ahí estaban Miroslava, Pedro Infante, Jorge Negrete, Pedro Armendáriz, los hermanos Junco y muchos otros.”




Los Olvidados no es sino una denuncia social y una llamada de atención a todos aquellos que se olvidan de que más allá de su buena vida, existen personas que lo pasan francamente mal. A través del grupo de jovencitos iniciados y curtidos ya en el mundo de la delincuencia, Buñuel muestra a una subclase incapaz de prosperar y salir adelante sin la ayuda de gente que les enseñe donde queda el bien y el mal, algo que a los chicos parece no haberles enseñado nadie. Lo bueno y lo malo conviven en un mismo entorno y son incapaces de diferenciarlo, moralidad no es una palabra que esté en su diccionario. Pero lejos de señalar con el dedo a los protagonistas de su historia, Buñuel nos los presenta con cariño, dejándonos entrever que si son así es porque para ellos es una forma de vida y no porque sean mala gente. El director no juzga a los personajes, pero si denuncia las situaciones.

En una entrevista dada a la famosa revista “Cahiers du Cinéma”, en París, Buñuel aseguró: “Para mí, Los Olvidados es, efectivamente, un filme de lucha social. Porque me creo simplemente honesto conmigo mismo, yo tenía que hacer una obra de tipo social. Sé que voy en esa dirección”.

En el inicio de la película así se explica: Mientras desfilan panorámicas de Nueva York, París, Londres y al final México DF, una voz en off (de Ernesto Alonso, protagonista de Ensayo de un Crimen, 1955) advierte que se contarán hechos de la vida real, y que la película deja a las fuerzas progresistas de la sociedad la solución del problema expuesto:

Las grandes ciudades modernas, Nueva York, París, Londres, esconden tras de sus magníficos edificios hogares de miseria que albergan niños mal nutridos, sin higiene, sin escuela, semilleros de futuros delincuentes. La sociedad trata de corregir este mal, pero el éxito de sus esfuerzos es muy limitado. Solo en un futuro próximo podrán ser reivindicados los derechos del niño y del adolescente para que sean útiles a la sociedad. México, la gran ciudad moderna, no es la excepción a esta regla universal. Y por eso esta película basada en hechos de la vida real no es optimista, y deja la solución del problema, a las fuerzas progresistas de la sociedad.”








Su sentido del erotismo está también presente en varios momentos: la leche derramada encima de los muslos de la muchacha, las miradas y diálogos entre la madre de Pedro y Jaibo antes de que se cierre la puerta violentamente, el ciego con la inocente niña en su regazo; son partes de un film que junto a su principal materia, la representación árida de la delincuencia juvenil dentro de un brutal realismo muy bien enfatizado por la magnífica fotografía llena de contrastes de luz del maestro Gabriel Figueroa convierten al film en un fenomenal tratado sociológico lleno de matices que mueve a una profunda reflexión en quien la contempla.








Los Olvidados es, por su temática y por la naturalidad de sus actores, una película engañosamente realista. Filmada durante el apogeo de la corriente neorrealista -que propugnaba por un cine casi documental en el que los actores fuesen gente común y los escenarios fueran reales-. Sin embargo, desde un punto de vista del género, Los Olvidados no sólo es un cinta neorrealista. Es un film que no se limita al realismo más convencional y que recurre a elementos surrealistas y disparatados. En este sentido el sueño que se narra en el film es extraordinario -fantástica representación onírica de las obsesiones del niño- y merece la pena verlo sin más. El tono realista y crudo de la cinta impide introducir demasiados toques buñuelianos, aunque estos siguen apareciendo: el ciego aficionado a las niñitas, la abundancia de gallos y gallinas, fetichismo -mujeres lavándose los pies y las piernas-, el fantasmagórico sueño antes mencionado, el perro como visión que trae la muerte, etc.










En cuanto a las interpretaciones decir que son fantásticas, rebosantes de un naturalismo difícil de ver; Roberto Cobo, el cruel y violento “Jaibo”, Miguel Inclán, el astuto y poco ético ciego. Pero si alguien deslumbra es Alfonso Mejía. Él interpreta a "Pedro", ese inocente ángel cuyo destino se unirá finalmente al de “Jaibo”. Su mirada es prodigiosa y la sinceridad e inocencia de sus palabras terminan componiendo un personaje difícil de olvidar. Buñuel describe con cariño a ese niño de buen corazón, incomprendido por su madre e inmerso en el consubstancial y casi natural clima de criminalidad que lo acordona.







En el apartado técnico, Buñuel no deja indiferente a nadie, pues su narración continuada y sin transiciones hacen de este aragonés un gran contador de historias que mantiene en vilo y tensión al espectador en todas y casa una de las escenas presentadas. Un uso tal del lenguaje cinematográfico es evidente, como cuando “El Jaibo” le pregunta a la madre de Pedro por su esposo y ella le dice que “murió hace cinco años” mientras se interpone el plano de su más reciente hija de apenas unos cuantos meses, dando a entender la naturaleza de la mujer. Y por lo tanto, justificada totalmente dentro del relato el encuentro de ambos mostrado de forma muy certera al contemplar sus miradas y el respectivo cierre de la puerta, claro, inducido tal vez más por la censura de la época pero que no deja caer la inteligencia con la que fue tratada. Y de estas muchas imágenes y escenas más, como la rebeldía de los niños en el carrusel, el diálogo entre el ministerial y la mamá de Pedro que le indaga sobre su conducta a su hijo o la magistral escena sin diálogo del pederasta casi por llevare a Pedro, demuestra la genialidad absoluta de este cineasta pocas veces vistos en la historia del arte.







El rodaje duró 21 días. Pero los reparos a Los Olvidados se presentaron antes de la filmación y con posterioridad a ella; y vinieron lo mismo del lado de las autoridades que de los intelectuales o de los trabajadores más modestos. Oscar Dancigers, el productor del filme, se opuso a que se incluyeran en él ciertos detalles irracionales, consiente de que era un proyecto de difícil comercialización, pero finalmente dio todo su apoyo para que se concluyera de una manera satisfactoria para su realizador.

La película fue rodada en 21 días. Como en todas mis películas, terminé en el tiempo previsto. Por el guión y dirección cobré dos mil dólares en total. Y nunca he percibido el menor porcentaje.” (Luis Buñuel)

En la entrevista a “Cahiers du Cinéma”, Buñuel apunta que “Los Olvidados fue un filme relativamente libre”. Si acaso lamentó algo, fue que “evidentemente Dancigers me pidió que quitase muchas cosas que tenían un interés únicamente simbólico, pero me dejó cierta libertad”. Respecto a las escenas simbólicas que nunca filmó, Buñuel describió un ejemplo: “Cuando El Jaibo va a pegar y matar al otro chico, en el movimiento de la cámara se ve a lo lejos la mole de un gran edificio de 11 pisos en construcción, donde yo hubiera querido poner una orquesta de cien músicos. Se les hubiera visto de pasada, confusamente. Yo quería poner muchos elementos de ese género, pero me lo prohibieron en absoluto”. Aquella mole de la que habla son los esqueletos de los multifamiliares de Tlatelolco que han sido interpretados como una escenografía perturbadora para el asesinato.







Jorge Negrete, “charro cantor” del cine nacional y a la vez líder del sindicato de actores por aquel entonces, se manifestó en contra de la filmación de la película, y algunos técnicos y colaboradores de Buñuel abandonaron el proyecto sobre la marcha: “De todos modos, el equipo entero, aunque trabajando muy seriamente, manifestaba su hostilidad hacia la película. Un técnico me preguntaba, por ejemplo: "Pero, ¿por qué no hace usted una verdadera película mexicana, en lugar de una película miserable como ésa?". Pedro de Urdimalas, un escritor que me había ayudado a introducir expresiones mexicanas en la película, se negó a poner su nombre en los títulos de crédito.” (Luis Buñuel)

La peinadora se ofendió cuando Pedrito llegaba a la casa con hambre y su madre le negaba la comida –recuerda Buñuel-: ‘Eso, en México, ninguna madre se lo dice a su hijo. Es denigrante, no quiero hacer esta película’. Se fue del estudio y presentó su dimisión.” En una exhibición privada a la que asistieron, entre otras personalidades el pintor David Alfaro Siqueiros; Lupe Marín, esposa de Diego Rivera; el poeta español León Felipe y su mujer mexicana, Bertha, provocó reacciones encontradas: Lupe y Bertha se ofendieron por la cinta, reclamándole la segunda de ellas: “Es usted un miserable. Ofende usted a todo el mundo. Lo que muestra esta película no es México”; en cambio, Siqueiros le dijo al cineasta: “Muy bien, Buñuel. Deje usted a las viejas decir lo que quieran y siga usted haciendo cine”.







Al ver el primer corte, Oscar Dancigers pidió a Luis Buñuel rodar un segundo final que mitigaba la dureza del primero. Un final feliz donde “Pedro” mataba a “El Jaibo” y volvía a la escuela correccional para reformarse, representaba, en suma, un triunfo de la confianza pedagógica depositada por el maestro. Por lo visto, este final se rodó con la razón de sustituir al verdadero en caso de que no gustase al público. Los motivos para filmarlo son claros. Miedo a la censura y al rechazo de un público acostumbrado al melodrama arrabalero de los hermanos Rodríguez o cuando mucho a la tragedia cabaretera de la aventurera castigada por el destino.

Sin embargo este final no fue el que finalmente presentó el director en el estreno de la película, ocurrido el 9 de diciembre de 1950 en el (antiguo) cine Mariscala, que estaba frente al Teatro Blanquita, en la ciudad de México. El evento suscitó violentas reacciones, y se pidió desde diversas instancias mediáticas la expulsión del cineasta del país. Los Olvidados fracasó en su estreno comercial en la capital mexicana y a los cuatro días fue retirada de los cines sin que faltaran intentos de agresión física contra Buñuel. Los críticos afirmaban que lo mostrado en la película no era la realidad del país. El director se defendió afirmando que lo que sale en la cinta sí existía (estuvo unos meses visitando y empapándose de esos barrios, consultó casos en los archivos del Tribunal de Menores). Por tanto trató de dar una visión realista, usando para ello algunos actores no profesionales (la mayoría de los personajes son actores pero otros son campesinos, gente sacada de una granja-escuela etc.), reflejando sus sensaciones sobre lo que le rodeaba y tratando una importante problemática social.









Afortunadamente, algunos intelectuales salieron en su defensa, y la decisión de enviar Los Olvidados al Festival Internacional de Cine de Cannes, representando a México en 1951, fue promovida por el Director de Cinematografía, que la veía con buenos ojos; aunque el embajador de México en Francia, el poeta Jaime Torres Bodet, la abominaba. Quien tomo a su cargo la promoción de la película en el Festival fue el secretario de Torres Bodet, el futuro ganador del Nobel (1999), Octavio Paz, que en esa época hacía sus pininos como el excelente animador cultural que también fue. Octavio conocía ya el filme por haberlo visto en una exhibición privada, junto con André Breton y otros amigos; y como en Francia la embajada mexicana no preparó ningún tipo de promoción hacia la película ni hacia la figura de Buñuel, el propio Octavio hecho mano de sus amistades que la recomendaron de boca en boca y tanto en presentaciones como en artículos de prensa se dedicaron a hacer de Los Olvidados la “gran película del Festival”.

A los surrealistas (André Breton, Jacques Prevert, Ado Kyrou) y otros intelectuales (Marc Chagall, Jean Cocteau) la película les gustó; no así al crítico cinematográfico y prominente intelectual comunista Georges Sadoul, quien cuando tuvo oportunidad comentó a Buñuel: “No te imaginas lo mal que me hace sentir tu película, porque es de ideología burguesa. En ella demuestras que un profesor burgués y un estado burgués son muy humanos, porque regeneran a los niños. Presentas a la policía como algo útil en una escena en que el gendarme impide que un pederasta se lleve al niño. Lo lamentamos: esto nos entristece. Nos parece una película a favor de la moral burguesa”.





En una carta dirigida a Buñuel el 11 de abril de 1951 desde el Festival, Paz explicaba: “…Ayer presentamos Los Olvidados. Creo que la batalla con el público y la crítica la hemos ganado. Mejor dicho, la ha ganado su película. No sé si el Jurado le otorgará el Gran Premio. Lo que si es indudable es que todo el mundo consideraba que -por lo menos hasta ahora- Los Olvidados es la mejor película exhibida en el Festival. Así, tenemos seguro (con, naturalmente, las reservas, sorpresas y combinaciones de última hora) un premio. […] Ayer el teatro estaba lleno como en sus grandes días. Algo iba a pasar. Distribuimos a nuestros amigos estratégicamente. Pero no hubo batalla. Su película fue aclamada, aunque -claro está- parece que hay incomprensiones: los refinados, algún grupo comunista (esto último no lo puedo asegurar, aunque me dicen que Sadoul encontró el film demasiado negativo e inutilizable). El público aplaudió varios fragmentos: el del sueño, la escena erótica entre el Jaibo y la madre, la del pederasta y Pedro, el diálogo entre Pedro y su madre, etc. Al final, grandes aplausos. Pero sobre todo, una profunda, hermosa emoción. Salimos, como se dice en español, con la garganta seca. Hubo un momento -cuando el Jaibo quiere sacarle los ojos a Pedro- que algunos sisearon. Fueron callados por los aplausos…”

Los Olvidados fue uno de los 36 filmes contendientes a la Palma de Oro del Festival como Mejor Película, compitiendo con otra cinta mexicana: Doña Diabla (Tito Davison, 1950), que era la favorita de la crítica nacional, además de representantes extranjeras de calidad equitativa, como las cintas americanas The Tales of Hoffmann (Michael Powell, Emeric Pressburger, 1951), A Place in the Sun (George Stevens, 1951), All About Eve (Joseph L. Mankiewicz, 1950) y la inglesa The Browning Version (Anthony Asquith, 1951), resultando ganadoras en empate la francesa Fröken Julie (Alf Sjöberg, 1951) y la italiana Milagro en Milán (Miracolo a Milano, Vittorio de Sica, 1951).

El Premio especial del Jurado fue para Eva al Desnudo, o también llamada La Malvada (All About Eve), de Mankiewicz, que le reportó la presea de Mejor Actriz a Bette Davis. Y en el rubro de Mejor Director, resultó galardonado Luis Buñuel por su controvertida película mexicana.





El triunfo de Los Olvidados en Cannes impidió trastocar el sentido del filme agregándole el final alternativo, con lo que se habría mutilado una obra maestra. De ese final filmado pero nunca estrenado no se sabría nada hasta hace algunos años, cuando en 2001 en la filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México se produjo por accidente un extraño descubrimiento. Iván Trujillo, Director General de la Filmoteca, refiere así ese hallazgo en una entrevista realizada al Instituto Cervantes de España:

En México se iba a presentar una exposición importante sobre Luis Buñuel, realizada con anterioridad en el Museo Reina Sofía de Madrid y en Bonn. Se pensaba disponer una galería complementaria; de ahí que se organizara una sala especial sobre Los Olvidados. Se decidió ampliar los fotogramas originales y, por ello, nos pidieron que les proporcionáramos las imágenes de varios rollos, especialmente del último donde obviamente se encontraba el desenlace de la película. Los técnicos estaban buscando ese rollo en la Filmoteca. A uno de ellos se le dijo que lo trajera, refiriéndose al último, al octavo. Ese técnico, de manera un tanto ingenua avisó que no comprendía por qué había nueve: en ese noveno decían que estaba el segundo final de la película. Casualmente yo entré al taller donde sucedía esto, mientras el técnico estaba comprobando que, en efecto, la película tenía otro final. Me acompañaba una reportera de la televisión y al enterarse de esa discusión, me incluyó en el reportaje. Le pedí que no lo emitiera, pero esa misma noche se emitió en la televisión en un noticiero cultural. Yo pensaba que ese programa no tenía audiencia, pero al día siguiente apareció en un periódico.

De allí pasó a diferentes lugares. El periódico inmediatamente se puso en contacto con Jaibo, el actor principal de la película y él negó que se hubiera hecho otro final. Pero finalmente tuvimos que dar a conocer ese segundo final. Se trataba de un final ligero, que, después de varias conjeturas y comprobaciones, puede asegurarse que el productor Oscar Dancigers pidió a Buñuel que se rodara. Se pensó que la película podría considerarse muy dura —como de hecho lo es—, y que podría sufrir alguna censura. Porque hay que reconocer que el primer final muestra crudamente la muerte del niño a manos de Jaibo, cuando ese niño ha dejado el correccional al que supuestamente pensaba regresar, mientras que en el segundo el niño mata a Jaibo. Esto obligaba a que desapareciera la escena onírica, cuando Jaibo está muriendo, y a que el niño regresara a la escuela correccional. Ahora bien, dada su profesionalidad —y aunque Los Olvidados es una película de muchas referencias y con una posición de autor muy importante— no considero que Buñuel tuviera demasiadas objeciones en filmar ese final. Por otra parte, creo que una vez que la película ganó en el Festival de Cannes ya no había manera de sustituir ese final por el primero ni siquiera ante la eventualidad de su prohibición.”

En 2010 se encontró también en la filmoteca de la UNAM un tráiler (avance) de la cinta que contiene escenas que no aparecen en la versión final. “El material demuestra el buen criterio que tuvo el español Buñuel al editar, ya que muchas de las escenas no están bien realizadas o son de baja calidad”, dijo Francisco Gaytán subdirector de rescate y restauración de la Filmoteca. También se incluye en el trailer el final alternativo que filmó Buñuel, descubierto recientemente y calificado como un posible "final feliz", que tampoco formó parte del largometraje. Una de las escenas del avance que no está en la cinta, es cuando tiran un muñeco que representa el cuerpo de “El Jaibo” al basurero y prácticamente vuela por los aires. "La escena digamos real, la que el público vio es absolutamente genial, es muy impactante. En este 'trailer' se ve que tiran un muñeco y es muy obvio... no se ve rodar el cuerpo que es una opción mucho mejor", relató Gaytán.

El galardón conseguido en Cannes logró que la película, que había sido estrenada en México en un clima hostil, fuera reestrenada y no sólo alcanzara el reconocimiento del público sino también el de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, que le otorgó ese año once estatuillas Ariel, entre ellas las correspondientes a Mejor Película, Dirección, Fotografía, Argumento Original, Adaptación, Sonido, Edición, Escenografía, Co-actuación Femenina (Estela Inda), Actuación Juvenil (Roberto Cobo) y Actuación Infantil (Alfonso Mejía). De sus 13 nominaciones solo perdió dos premios, Mejor Música de Fondo y otra mención por Actuación Infantil de Alma Delia Fuentes. En la categoría principal Los Olvidados competía con Doña Diabla (Tito Davison) y Otra Primavera (Alfredo B. Crevenna). En 1953 la cinta fue nominada al premio británico BAFTA, como Mejor Filme.

Tras el éxito europeo, me vi absuelto del lado mexicano. Cesaron los insultos, y la película se reestrenó en una buena sala de México, donde permaneció dos meses.” (Luis Buñuel)

En su carrera comercial en Estados Unidos, Los Olvidados también recibió críticas divididas. Mientras unos la ensalzaban otros la repudiaban por su crudeza. El New York Times publicaba la crítica del periodista Bosley Crowther sobre la película el 25 de marzo de 1952: “Los Olvidados se nos presenta como un retrato brutal e implacable de la criminalidad juvenil en los barrios bajos de la ciudad de México […] A pesar de estar realizada con un realismo meticuloso y con una incuestionable fidelidad a los hechos, sus cualidades como entretenimiento dramático —o incluso como reportaje social— son casi nulas.”






La cinta de Buñuel es, por otra parte, una de las aportaciones más importantes que ha dado Latinoamérica al cine mundial. El film explora una realidad que el paso del tiempo ha agravado con la difusión del consumo de drogas, por lo que la propuesta de Buñuel mantiene su vigencia y actualidad.

En 2003 Los Olvidados se convierte, junto a la cinta alemana de ciencia ficción Metrópolis (Fritz Lang, 1927) en una de las dos piezas del séptimo arte que han recibido la consideración del Programa Memoria del Mundo por la UNESCO, una iniciativa internacional propulsada y coordinada por la UNESCO desde 1992 con el fin de procurar la preservación y el acceso del patrimonio histórico documental de mayor relevancia para los pueblos del mundo, así como también promocionar el interés por su conservación entre los estados miembros.

Joie Springer, responsable de archivos audiovisuales del Programa Memoria del Mundo, expresó al Comité Mexicano encargado de la propuesta, que esta cumplía con todos los requisitos para ser inscrita en el programa; entre éstos, que la película, además de su calidad cinematográfica, constituye un documento de valor social inestimable para el país que representa, comentó Rosa María Fernández de Zamora. La cinta fue elegida en nuestro país, de entre varios títulos del cine mexicano como la trilogía Nosotros los Pobres, Ustedes los Ricos y Pepe el Toro de Ismael Rodríguez y Redes de Emilio Gómez Muriel y Fred Zinnemann. Fue así como el Comité Consultivo Internacional decidió honrar a Los Olvidados que superó a la película El Mago de Oz (The Wizard of Oz) dirigida por Víctor Fleming en 1939, propuesta por los Estados Unidos. Las instituciones extrajeras que apoyaron la nominación de Los Olvidados fueron la Cinemateca de Argentina, la Filmoteca de España, la Filmoteca de Berlín, el Archivo Fílmico de París, la Cinemateca de Quebec y la Cinemateca Nacional de Italia.





En la lista de las 100 Mejores Películas del Cine Mexicano, hay 7 cintas dirigidas por Luis Buñuel. El lugar número 2 lo ocupa Los Olvidados, protagonizada por Alfonso Mejía como “Pedro”, mismo que todavía vive, aunque se encuentra retirado de la actuación, y por el excelente actor Roberto Cobo como “El Jaibo”, fallecido en 2002. Con Los Olvidados iniciaba la gran atención internacional por el trabajo fílmico de Buñuel. Y Cobo, apodado “Calambres” por su famoso personaje cómico en el teatro de revista, volvió a trabajar con el director en Subida al Cielo (1952), y años después tendría actuaciones memorables con papeles de reparto en Viento Negro (Servando González, 1965), El Águila Descalza (Alfonso Araú, 1971), Pedro Páramo (José Bolaños, 1978), Nocaut (José Luis García Agraz, 1984), Cabeza de Vaca (Nicolás Echevarría, 1991), Dulces Compañías (Óscar Blancarte, 1996) y El Agujero (Beto Gómez, 1997), entre otras. Pero quizá su segundo personaje más recordado fue interpretando a “La Manuela” en El Lugar sin Límites (Arturo Ripstein, 1977), película que ocupa el lugar número 9 en la lista antes mencionada, significando la comprobación del talento del director que había sido el asistente de Buñuel en El Ángel Exterminador (1962).




Cuando terminé Los Olvidados el 10 de Marzo de 1950, no sabía lo que había hecho, porque al día siguiente nació "Calambres" en el teatro Lírico. Me olvidé. Luego se estrenó en 1952 y no pasó nada hasta que regresó la película del Festival de Cannes, Francia, con todos los premios y las palmas de oro que le dieron a Buñuel, que entonces estaba vetado en España por cuestiones políticas", relató Cobo en una de sus tantas entrevistas.

En otra explicaba: "A las cinco semanas, luego de terminar la filmación en Nonoalco y la Plaza de la Romita, le dije a don Luis si ya me podía cortar el pelo; me respondió que sí y me fui al Teatro Lírico a buscar otra vez mi lugar de bailarín de conjunto. Fue cuando sustituí a Resortes. ¡Fue un éxito de locura! Al otro día amaneció la ciudad llena de carteles que anunciaban al ¡Calambres! Nunca hubo rivalidad con él, al contrario, le tengo agradecimiento porque si no se hubiera enfermado, ¿cómo lo sustituía?".

Cuando se le preguntó a Cobo, que fue elegido para el papel de “El Jaibo” por su parecido con Salvador Dalí, gran amigo de Buñuel, sobre el hecho de que su nombre siempre fuera relacionado con dos de sus personajes cinematográficos, esto contestó: “Se los agradezco, pero mi futuro no es ése, es mi pasado y lo llevo en el corazón, como lo lleva la gente. Lo bonito es que me relacionen con dos personajes tan diferentes como El Jaibo, un delincuente juvenil, y La Manuela, un pobre homosexual. También la he hecho de teporocho; me ha tocado interpretar toda clase de personajes y me ha gustado porque todos han significado lo mismo. ¡Agarro parejo!” Y en alguna otra entrevista concedida a un programa de televisión, expresaba con qué directores le había gustado trabajar: “Como Buñuel, que dirigía con el corazón, como Plancarte, que también lo hace así. Y así espero que todavía sean todos mis directores. Y te advierto una cosa con mi sentido del humor: Director que me dirige, director que hago famoso…”




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